miércoles, 19 de diciembre de 2007

El gato del cielo ha vuelto

Pic: Walter, nuestro nuevo jardinero negro.
Tomada a escondidas desde el alfeizar de mi ventana.
Él es el responsable de que me duelan ahora los oídos.

Si hace meses me intentaban asesinar arrojándome un gato desde un balcón, lo acontecido esta noche ha marcado un hito aún más surrealista.

A la puerta de mi casa ha aparecido, si señores, el mismo gato que llovió del cielo y que estoy seguro alguien me lanzó con ira y muy mala puntería.

Cuando he abierto el portal de mi casa, he encontrado ante mí al gato, mirándome fijamente y sacando la lengua. En un principio no le he reconocido, pensé que era uno de los nuevos vecinos…. últimamente aparecen etnias y razas tan extrañas en mi edificio, que estoy seguro se podría rodar un documental del National Geographic.. o una película gore digna de la Infanta Elena, recién separada.

Cuando le he dado los buenos días, pues al haber sido instruido en colegio privado soy educado hasta con los animales, el gato, sorprendentemente me ha respondido. Se que pensaréis, mis queridos maricones, que estoy loco, pero no es así. He podido percibir como, claramente, el gato me ha dicho en idioma inglés académico:

- Good Morning.

Ante esto, dos conclusiones claras: la primera, el gato no murió en el fatal accidente. La segunda: el gato no sabe realmente inglés, es decir, lo habla pero no lo entiende. Me ha dado los buenos días, cuando eran ya las ocho o nueve de la noche.

Al quedarme mirándole, mientras las escasas cartas de mi buzón caían de mis masculinas manos, y la compra del Mercadona se desparramaba estrepitosamente por el suelo, el gato, ni corto ni perezoso me ha dicho en perfecto francés:

- Je suis un mâle. J'ai un pénis. Manu, Je veux vivre avec toi.

Tres frases, si queridos heteroperfectos, tres frases me ha dicho el gato, mirándome fijamente a los ojos. No he comprendido ninguna de ellas, pero al finalizar la tercera, y cuando el gato se acercaba a mí, he sufrido un desmayo.

Tras un tiempo inestimado en estado de inconsciencia, pero suficiente como para que la compra desparramada desapareciera de mi lado, salvo las galletas de mojo picón, que parece que a ninguno de mis vecinos delincuentes le gustan lo suficiente como para robármelas… como decía, tras un rato inconsciente, he sido despertado por Walter, nuestro maravilloso jardinero negro, que me ha arreado dos sonoras ostias que despertarían hasta al abuelo del inistón.

- Señorito Manuel, despierte, despierte.

Como tardaba en reaccionar, me ha arreado otras tres collejas, una de ellas en el oído, motivo por el es que escucho un pitido desde hace horas, aun así he de alegrarme de haber reaccionado a la tercera de ellas, pues Walter ya estaba preparándose para propinarme una patada en los cojones.

Con la ayuda de Walter, he conseguido entrar en casa, seguido en todo momento del gato, el mismo gato que me cayó del cielo, el mismo que habla al menos dos idiomas, pero que creo que no los entiende del todo bien y el mismo que ahora está en el piso de abajo, cantando ópera. Puedo dar fe de que no soy el único que lo escucha, pues en dos ocasiones ha llamado el vecino de abajo para suplicarme que quite el CD de Pavarotti… y es que el cabrón del gato canta bien.

¿Qué significa todo esto? ¿Por qué el Gato me ha elegido a mí? ¿Cómo es posible que sepa mi nombre? ¿por qué su pronunciación es aún mejor que la mía? ¿dónde ha pasado estos últimos dos meses? Y lo más preocupante…. ¿cómo puedo hacerle callar?

Pd.- ¿Alguien sabe si en el Mercadona venden comida para gatos?

Hoy hace un año.


Hoy hace un año que inicié un camino del que nada esperaba.

Antes de partir, de iniciar ese viaje, durante unos meses realicé, inconsciente, pequeños preparativos. Mi compañero de viaje, del que por aquél entonces apenas sabía nada, también se encargó de, a su libre albedrío, ir preparándose para el mismo viaje.

Hoy hace un año, descubrí una pequeña piedra, una más de las que podrían haberse cruzado en mi camino y a la que pegar una patada sin más. Desde el primer contacto, noté que esa piedra tenía algo muy especial, su tacto era especialmente cálido…. Ahora, después de llevar durante todo un año a esa piedra junto a mí, puedo decir que contemplándola bien, esta es en verdad el más puro y maravilloso de los minerales.

Hoy hace un año, mis frías y desenfrenadas noches comenzaron a remitir, y en mitad de la alocada tormenta, apareció un faro, un referente. Al principio su luz era apenas imperceptible, pero poco a poco, y muy especialmente con la llegada del verano, ese faro deslumbró cualquier otra luz que pudiera existir o haber existido en mis océanos; su luz anegó cualquier estrella que pudiera desorientarme y hacerme perder el norte, la misma luz que guía mi vida.

Hoy hace un año que la partida de ajedrez sufrió un enroque de dimensiones impredecibles, que el camino pegó un giro inesperado, que las noches dejaron de ser tan frías y los días se tornaron en más apacibles.

Hoy hace un año que te conocí, y descubrí, creedme, al ser más puro, maravilloso, interesante y bello que jamás haya conocido.

Hoy hace un año que, inconsciente, comencé a amarte.

Y un año después, en una mañana de conversaciones contigo, de amigos resacosos durmiendo en mi casa, de recuerdos surcando mi memoria…. aparece en mi vida esta preciosa muñeca, mi sobrina… a la que espero, en unos años, podamos llevar juntos por la ciudad que nos acoja.

¿Quién dijo que las casualidades no existen?¿o quizá no es solo simple casualidad?

M.

jueves, 22 de noviembre de 2007

En memoria de Gato Nocturno.

Reflexión acerca de lo escrito por Gato Nocturno en su post del Sábado, 10 de Noviembre de 2007.
Puedes leerlo en: http://www.libertinajegatuno.blogspot.com/


Mi querido Gato:

Desde que él irrumpiera en tu vida, te veo altamente desorientado.

Aquél gato fanfarrón, pendenciero, siempre en busca de una presa que llevarse a la boca hincando sus garras en lo más profundo de su espalda ha pasado a ser un gato taciturno, sumiso, refugiado en lo más oscuro de la noche, esperando a que llegue la presencia de aquél único compañero que puede amainar sus más intensos dolores.

Gato, así es el amor… y bendito sea.

Debajo de esa pátina de libertinaje, de extrema dureza, de Cirano capaz de batirse el cobre por toda causa perdida, debajo de esa pátina, se esconde un ser extremadamente sensible, pues solo aquél que goza de una enorme sensibilidad puede regalarnos a nosotros, tus lectores, algunas de las piezas que, tocado por algún extraño don, han salido de tu castigadísimo intelecto.

Lo que te ha ocurrido era previsible… y por muchos deseado.

Ahora, en tu dolor, exageradísimo, excesivo, como todo en tu vida, permítenos que nos regocijemos, en nuestras poltronas, en nuestros sillones de oficina, en los sofás de casa, en los cafés con conexión inalámbrica… desde los que te leemos.

Ninguno de nosotros somos inmunes al amor, y no dudes de que el amor, una vez llega a tu vida, actúa como un elefante en una cacharrería.

Últimamente tonteabas mucho con drogas, en un idilio que intuyo durará mucho tiempo, pues eres tan hedonista que no se me ocurre que puedas abandonarlas por el momento, pero esto, reconozcámoslo, te ha pillado por sorpresa. El Gato Nocturno, oportunista por naturaleza, marrullero, despectivo, guiado únicamente por sus más sublimes instintos, ha sido cazado por el segundo más viejo de los sentimientos: el amor.

Alégrate Gato… tu sensibilidad no solo te permite escribir bellos textos, sino también gozar y sufrir de un modo desmesurado. La maldición y a la vez la bendición de los sensibles.

Es absolutamente impredecible lo que acontecerá en tus días venideros, pero la única recomendación que me ocurre darte es que te arrojes a ella con el desparpajo que siempre te ha caracterizado, con esa intensidad vital, que ha guiado todos y cada uno de los momentos que nos has dejado compartir.

Ahora bien, no comparto en absoluto el enfoque pasivo que has dado a este acontecimiento. Un Gato como tú, debe afilar sus uñas y luchar contra todo lo comúnmente establecido para lograr que tu amado, aquél que hoy no te corresponde como es debido, subyugue a tus encantos… si es que consigues desplegarlos en semejantes condiciones.

Tu descripción del enamoramiento, del amor no correspondido es realmente maravillosa, sin embargo una cosa es la literatura y otra es la vida. Busca una de las callejuelas sevillanas que tu amante frecuenta (en eso, intuyo, es bastante previsible), escóndete en un oscuro rincón, afila pacientemente tus garras y cuando notes su presencia, contén el aliento y lánzate a su gaznate, mordisqueando su cuello como todo Gato hace llegada la hora del lance… sin lugar a dudas, esta es la más preciada de las presas que puedes conseguir en este momento… y quién sabe si en el resto de tus días.


Un beso


M.

Pd.- De todo tu post, quiero destacar, por precioso este fragmento:

Siento mucha envidia de Teresa de Ávila cuando dice que

Vivo sin vivir en mí
Y tan alta vida espero
Que muero porque no muero

Ella esperaba una alta vida, pero yo ya he perdido la esperanza. Porque no es como la lluvia, que cae a la tierra y la fertiliza; conmigo es como el viento, que aparece súbitamente, remueve la tierra y se va, dejando tras de sí el desierto. Sé que es imposible tenerlo para mí solo a todas horas y hacerlo mi cautivo; sólo me queda continuar con esta vida absurda y conformarme con sus apariciones estelares, si es que las quiere hacer. Mientras tanto sigo sufriendo esta angustia que me sobrepasa, sabiendo que lo tengo muy cerca pero a la vez muy lejos. Adolezco. Peno. Muero.


martes, 6 de noviembre de 2007

La verdadera historia de lo ocurrido la terrorífica noche de Halloween de 1992



Info sobre la Pic:

- Enmascarado: Manu.

- Bruja: Jorge alias "la pelus", el novio de Kike. Futuros londinenses. ----------------------------

Y en mitad de la más sórdida de las estancias, en lo más oscuro y tenebroso de las galeras, cuando el color parecía que invadiría todos y cada uno de los momentos de su vida…..solo entonces el depravado fue liberado de la mazmorra por la Bruja Puta.

Ocurrió hace ya tiempo, pero nadie olvidará la Noche de Difuntos del año 1992, noche en que a horas intempestivas el depravado volvió a la libertad gracias a un engendro, mitad mujer mitad hombre, que hacíase llamar Brujita y a la que posteriormente se recodaría como Bruja Puta.

Durante una noche, el depravado cometió todo tipo de barbaridades que yo, siempre bien informado de lo que se cuece en las cloacas de Madrid, brevemente les resumiré. Esta es la primera vez que se publica la verdad de lo acontecido aquella terrible noche de Halloween del año olímpico.

Una vez liberado, el depravado decidió recuperar su más preciada posesión, para lo cual se dirigió a su antigua casa del Rastro madrileño. Tras caminar semidesnudo por calles estrechas y frías, con olor a orín rancio, atestadas de vagabundos y gente disfrazada de Halloween, entre los que él parecía uno más, entró en la casa de su madre, ya difunta. Allí encontró su pequeño tesoro: un botín compuesto por 23 pistolas, 12 fusiles y 1 par de esposas. También encontró el cadáver de su madre, tal cual lo había dejado él mismo en la última visita a su hogar dulce hogar.

Cargado con semejante arsenal, tomó un taxi, y se plantó en el Psiquiátrico de Ciempozuelos. El taxista, ante la generosa propina, decidió no abrir la boca… al fin y al cabo, con ese dinero podía aparcar el taxi y beberse unas buenas copas en cualquier putiferio de la ciudad y no estaba dispuesto a pasarse la noche en la comisaría declarando que había visto a un tipo de esa guisa cargado de armas.

Aprovechando que el agente de seguridad, se había pasado un poco con los carajillos de después de la comida, y que andaba realmente borracho, el depravado se coló en el psiquiátrico, cargado con su valioso cargamento, compuesto por numerosas armas, la mayoría de ellas, todo sea dicho, mal calibradas y con más fallos que una escopeta de feria.

Una vez allí, el depravado fue abriendo las celdas de los locos, que indiferentes y somnolientos, se despertaban y prestaban atención a las indicaciones del depravado. Tan solo un loco no se sorprendería de ver a semejante individuo, ataviado de ese modo tan escandaloso, entregando armas a los pacientes del psiquiátrico.

El depravado, balbuceó a su auditorio, compuesto por unos 50 dementes, un pequeño sermón: en esta noche la ciudad había sido tomada por seres espantosos, con aspecto muy desmejorado, brujas, zombis, gente con el rostro blanco, demonios, etc… y ellos, los locos, eran los únicos que podían salvar a Madrid del caos absoluto. El mismísimo presidente Felipe González, un ídolo para muchos de esos locos, había enviado al depravado para encomendarles la misión de que disparasen a todo aquél que vistiera de modo sospechoso o tétrico. Para ello, el depravado entregó a cada uno de ellos un arma, con suficiente munición como para estar horas disparando. Si hacían bien el trabajo encargado, se les consideraría aptos para volver a la sociedad, y abandonar de una vez por todas el maldito sanatorio.

Los locos, vieron en esa heroica acción, la posibilidad de verse liberados de su encierro en el manicomio, de modo que se entregaron a tan noble fin con enardecidas energías. Limpiarían la ciudad de semejantes seres.

Las puertas del psiquiátrico se abrieron y tras ellas, unos 50 dementes, con 23 pistolas y 12 fusiles, sembraron el caos en la ciudad. Fueron decenas los jóvenes y no tan jóvenes que, disfrazados de Halloween, encontraron la muerte en las calles y bares de la ciudad.

La policía tardó demasiado tiempo en reaccionar, puesto que inicialmente las llamadas no fueron atendidas, pensando que se trataba de la típica broma de una noche tan señalada. A la vez, los transeúntes, pensaban que todo formaba parte del espectáculo, de alguna performance organizada por fanáticos de Halloween, de modo que al contemplar en directo el asesinato de alguien, ni se inmutaban, creyendo que era una actuación, sin darse cuenta de que ellos mismos serían los próximos en pasar al otro barrio.

Aquella noche se contabilizaron en Madrid, al menos, 87 fallecidos, varios cientos de heridos y una decena de desaparecidos de los que nunca más se supo. Una auténtica masacre.

Mientras todo esto sucedía, el depravado volvió a su mazmorra, fue de nuevo encerrado, encadenado y esposado, mientras escuchaba lejanos disparos que le hacían aullar de placer y de alegría…. Aún hoy sigue siendo un misterio el paradero del depravado, sin embargo nadie duda de que está esperando la llegada de una nueva noche de Halloween para ser liberado y actuar, como ha venido haciendo en los últimos 30 años.


Manu

martes, 30 de octubre de 2007

Plegarias no atendidas

Caminaba por las calles de la gran ciudad, deambulando, ausente, abandonado a su propio abandono, con la tranquilidad que le da a uno el saberse carente de todo futuro.

Su vida se había ido desintegrando, paulatinamente, en los últimos meses. Ahora, camino de su propia muerte, forzada y escogida por él mismo, la mente de Rafael se encontraba vacía. Curiosamente, ahora, al borde del suicidio, experimentaba cierto regocijo, una semifelicidad que nunca antes, desde su niñez, recordaba haber sentido.

El suyo no sería un suicidio llamativo, romántico, reivindicativo ni revolucionario. No. Aspiraba a desaparecer tal cual había vivido, de un modo anodino, soso, sin gracia ni ocurrencia ninguna.

Caminaba por el barrio más castizo de Madrid. La noche, abandonaba las callejas en las que siglos atrás los caballeros, infectados por el alcohol, se debatían en absurdos duelos por las nalgas de una tabernera del tres al cuarto. A medida que cruzaba calles, el desvanecer del anochecer otorgaba a Madrid una elegante belleza, salpicada de granito berroqueño, cada vez más blanquecino. La oscuridad abandonaba la gran ciudad.

Cruzó la plaza Mayor, a estas horas transitada por risueñas palomas, caminó frente al Palacio Real observado por los pétreos rostros de las estatuas, surcó el viaducto, donde otros muchos suicidas antaño se entregaron a los brazos de la muerte…

Sus pasos le llevaron hasta la Glorieta de Embajadores, frente al Real Conservatorio de Danza en el que tantas veces repitió fragmentos de piezas de piano, incansable, para que los bailarines practicaran. De ahí caminó a su destino: la Estación de Atocha, donde le acogería la muerte y con ella la calma.


Su idea consistía en tumbarse tranquilamente en las vías del tren y esperar a ser arrollado. Dada la ubicación estratégica de Atocha, cada pocos segundos transitaba un tren por sus vías, de modo que era imposible que nadie, en su sano juicio, evitara su muerte, que sería rápida, insípida e indolora.

Cuando entró, la estación acogía un ritmo frenético, un cosmopolita devenir de gentes egoístas, que contrastaba con la tranquilidad de la explanada que se cruza antes de acceder a los vestíbulos de la estación.

Pensándolo mejor, no le apetecía morir en mitad de tanto ruido…. Una persona como él, que había entregado su vida a la música sacra y al cultivo de las artes, no podía tolerar morir en un ambiente tan ruidoso y molesto. Para Rafael, el sentido más valioso era el oído y no quería abandonar este mundo en un ambiente ruidoso y molesto. Le daba igual como oliera, qué imagen viera por última vez así como el olor o el tacto que recibiera su cerebro instantes antes de desvanecer… pero el oído para él era algo sagrado, su única religión, a la que se había entregado en cuerpo y alma desde niño.

Así pues, en un alarde de locura, bajó a las vías del tren y comenzó a caminar por ellas, alejándose paulatinamente de la ruidosa estación. Indiferente, nadie entre la masa pareció fijarse en el caballero de mediana edad, escrupulosamente vestido, ataviado con un extraño sombrero que se alejaba más allá de los andenes.

Caminó algo menos de media hora y miró su reloj que se acercaba a las 9 de la mañana. A lo lejos, pudo ver un tren, que en esa mañana de Marzo, se acercaba hacia donde él caminaba. El tren comenzó a pitar, en un intento de alertar al perdido viandante, de que abandonase las vías.

Para desesperación del conductor, el extraño hombre que miraba su reloj, se tumbó, tranquila y parsimoniosamente sobre las vías.

Rafael se limitó a esperar su propia muerte, sereno, recordando en su cabeza una de sus obras favoritas: Nessun Dorma. La había tocado una y otra vez, incansable, durante los últimos 25 años, desde que a los 12, su padre, el Ilustre Maestro, se la había enseñado. Esa sería la música que le acompañaría en su muerte.

Cuando las vías temblaban bajo su cuerpo, cuando la zozobra inundaba su organismo, cuando podía sentir el calor de las vías que antecede a la pasada del tren… cuando él mismo sentía que moría… en ese instante un inmenso ruido le sacó del trance en el que andaba sumido. Abrió los ojos, giró la cabeza y pudo ver, algo más delante de él fragmentos de cuerpo que saltaban por los aires, decenas de vidas sesgadas en un solo instante, humo que comenzaba a salir del tren.

El silencio se apoderó del lugar. Los oídos de Rafael comenzaron a sangrar a la vez que el tren, por inercia, se acercaba al lugar en el que este yacía tendido. Tan solo se detuvo a unos 3 metros, la distancia suficiente como para que pudiera observar la aterrorizada expresión de espanto del maquinista, lívido, desvaído.

Rafael se puso en pie, sangrando por los oídos, sordo de por vida, en mitad de un maremagnum de cadáveres, humo, llantos mudos, ojos vidriosos y miradas vacías.

Él que era desgraciado, que buscaba la muerte, había sobrevivido, y ellos, personas felices, atestadas de sueños, encontraron lo que hasta ese momento él había ansiado: la no existencia. Las plegarias de uno y de otros, una vez más, no habían sido atendidas.

Tres días tardó en detener su frenética actividad, tres días que le brindaron intensísimas y dramáticas vivencias que le hicieron, por vez primera, sentirse vivo, ansiar su propia existencia.

Había escuchado e interpretado tanta música a lo largo de su existencia, que nunca más necesitaría escucharla de nuevo, tenía almacenadas en su mente un sinfín de obras maravillosas que le acompañarían, incansables y armónicas, durante el resto de su nueva vida: la de un músico sordo, pero esa, mis escasos lectores, esa es otra historia.

Manu.

jueves, 25 de octubre de 2007

Destellos (I)


… en determinados momentos, ni tú, consigues entenderme.

De vez en cuando encuentro fotógrafos, casi siempre centrados en el cuerpo, obra maestra de la naturaleza, que consiguen transmitirme mil y unas sensaciones de las que os hablaré en alguna otra ocasión. ¿Qué tiene el cuerpo humano que tanto nos atrae?.

Os presento al fotógrafo que me tiene robada la razón, desde hace tiempo. Poco o nada se sobre él: Eugeni Mokhorev, ruso, que encuentra en San Petersburgo un sinfín de elementos de inspiración. Tiene, si no me equivoco, 40 años.

Desde la distancia, Mokhorev ha conseguido que San Petersburgo se abra ante mí como una ciudad idealizada, poblada de rostros, miradas, cuerpos, regios edificios y fatigados animales que se dejan fotografiar, para regocijo de los amantes de la fotografía.

Varias veces he intentado contactar con él, vía mail, en un intento desesperado de poder comprar una de sus fotografías, antes de que se haga famoso. Nunca he obtenido respuesta.

Desde que le conozco, ha pasado de ser semidesconocido y no existir apenas referencias de él en internet a exponer en galerías de Nueva York. Los americanos, con su dinero, ya lo habrán pervertido. Su obra debe rondar precios incalculables.


Ahora, tan solo ansío, que publiquen un buen libro sobre su obra.


Pasaros por su página, merece la pena: http://eugeni.photosight.ru/

Manu





domingo, 21 de octubre de 2007

Las pesadillas de Alejandro


Alejandro se despertó empapado en sudor. El más grande de los guerreros de la historia tenía miedo a la batalla.

Tan solo Hefastión, su fiel amante, conocía los nuevos miedos de Alejandro. Las últimas semanas el Rey de Reyes, el Macedonio, no conseguía conciliar el sueño… las noches le resultaban eternas, sudorosas, en continuo desasosiego. Por más que machaba sus músculos en interminables sesiones de entrenamiento para la batalla, nunca conseguía dormir como antaño. Ni siquiera los erotizantes masajes de Bagoas, su eunuco favorito, conseguían aplacar las pesadillas que atormentaban sus penumbras.

Hefastión le abrazaba en las noches le asía por el costado, contra sí mismo, se aferraba a él, pegando su pecho a la espalda de Alejandro y frotando levemente su sexo contra su nalgas. En esos momentos se sentía el hombre más afortunado del mundo conocido, por ser el gran amor de Alejandro.

Lo que desconocía Hefastión es que Alejandro, el Magno, no temía morir en la batalla…. desde pequeño el Oráculo de Siwa lo había reconocido como hijo de Zeus, de modo que Alejandro se creía inmortal, un ser supremo. Lo que le atormentaba es que Hefastión, su amante, su gran amor, su hombre, muriese en la batalla. Llevaba meses teniendo una pesadilla recurrente, en la que los ojos de Hefastión se apagaban en sus brazos….. Alejandro recurrió al oráculo, que le confirmó que Hefastión moriría en poco tiempo. No lo quiso decir a nadie, siquiera al propio Hefasión. El Macedonio era el único que sabía que su amante, aquél precioso muchacho del que se enamoró siendo aún adolescente, podría morir entre sus brazos en cualquier momento.

Temiendo a la muerte, Alejandro ordenó que Hefastión no acudiera más al campo de Batalla, pero el destino decidió que Hefastión muriese en Ecbatana, posiblemente envenenado. Muchos eran los que odiaban al favorito de Alejandro.

El gran Rey, el todopoderoso conquistador, el cultísimo Alejandro, alumno aventajado de Aristóteles, aquél cuya vida derramaría ríos de tinta a lo largo de la historia… ese mismo, inmensamente sensible como era, había perdido su penúltima batalla: la de la muerte de su amante. El Macedonio se sumió en las tinieblas y presa del desgarrador dolor, ordenó rapar las crines de todos los caballos de sus ejércitos, se rapó el mismo la cabeza y rindió tributo a Hefastión como si de un Dios se tratara

Ya nada volvió a ser igual. Incluso Bagoas fue rechazado por Alejandro. Sin el amor de Hefastión, nada tenía sentido… lo que Alejandro desconocía es que tan solo unos meses después, perdería su última batalla, aquella que todos perdemos: sería él mismo quien moriría, para desesperación de sus súbditos, en una absurda batalla.