Tomada a escondidas desde el alfeizar de mi ventana.
Él es el responsable de que me duelan ahora los oídos.
Si hace meses me intentaban asesinar arrojándome un gato desde un balcón, lo acontecido esta noche ha marcado un hito aún más surrealista.
Si hace meses me intentaban asesinar arrojándome un gato desde un balcón, lo acontecido esta noche ha marcado un hito aún más surrealista.

Hoy hace un año que inicié un camino del que nada esperaba.
Antes de partir, de iniciar ese viaje, durante unos meses realicé, inconsciente, pequeños preparativos. Mi compañero de viaje, del que por aquél entonces apenas sabía nada, también se encargó de, a su libre albedrío, ir preparándose para el mismo viaje.
Hoy hace un año, descubrí una pequeña piedra, una más de las que podrían haberse cruzado en mi camino y a la que pegar una patada sin más. Desde el primer contacto, noté que esa piedra tenía algo muy especial, su tacto era especialmente cálido…. Ahora, después de llevar durante todo un año a esa piedra junto a mí, puedo decir que contemplándola bien, esta es en verdad el más puro y maravilloso de los minerales.
Hoy hace un año, mis frías y desenfrenadas noches comenzaron a remitir, y en mitad de la alocada tormenta, apareció un faro, un referente. Al principio su luz era apenas imperceptible, pero poco a poco, y muy especialmente con la llegada del verano, ese faro deslumbró cualquier otra luz que pudiera existir o haber existido en mis océanos; su luz anegó cualquier estrella que pudiera desorientarme y hacerme perder el norte, la misma luz que guía mi vida.
Hoy hace un año que la partida de ajedrez sufrió un enroque de dimensiones impredecibles, que el camino pegó un giro inesperado, que las noches dejaron de ser tan frías y los días se tornaron en más apacibles.
Hoy hace un año que te conocí, y descubrí, creedme, al ser más puro, maravilloso, interesante y bello que jamás haya conocido.
Hoy hace un año que, inconsciente, comencé a amarte.
Y un año después, en una mañana de conversaciones contigo, de amigos resacosos durmiendo en mi casa, de recuerdos surcando mi memoria…. aparece en mi vida esta preciosa muñeca, mi sobrina… a la que espero, en unos años, podamos llevar juntos por la ciudad que nos acoja.
¿Quién dijo que las casualidades no existen?¿o quizá no es solo simple casualidad?
M.
Reflexión acerca de lo escrito por Gato Nocturno en su post del Sábado, 10 de Noviembre de 2007.Mi querido Gato:
Un beso
M.
Pd.- De todo tu post, quiero destacar, por precioso este fragmento:
Vivo sin vivir en mí
Y tan alta vida espero
Que muero porque no muero
Ella esperaba una alta vida, pero yo ya he perdido la esperanza. Porque no es como la lluvia, que cae a la tierra y la fertiliza; conmigo es como el viento, que aparece súbitamente, remueve la tierra y se va, dejando tras de sí el desierto. Sé que es imposible tenerlo para mí solo a todas horas y hacerlo mi cautivo; sólo me queda continuar con esta vida absurda y conformarme con sus apariciones estelares, si es que las quiere hacer. Mientras tanto sigo sufriendo esta angustia que me sobrepasa, sabiendo que lo tengo muy cerca pero a la vez muy lejos. Adolezco. Peno. Muero.

Info sobre la Pic:
- Enmascarado: Manu.
- Bruja: Jorge alias "la pelus", el novio de Kike. Futuros londinenses. ----------------------------
Y en mitad de la más sórdida de las estancias, en lo más oscuro y tenebroso de las galeras, cuando el color parecía que invadiría todos y cada uno de los momentos de su vida…..solo entonces el depravado fue liberado de la mazmorra por la Bruja Puta.
Manu
Sus pasos le llevaron hasta la Glorieta de Embajadores, frente al Real Conservatorio de Danza en el que tantas veces repitió fragmentos de piezas de piano, incansable, para que los bailarines practicaran. De ahí caminó a su destino: la Estación de Atocha, donde le acogería la muerte y con ella la calma.
Su idea consistía en tumbarse tranquilamente en las vías del tren y esperar a ser arrollado. Dada la ubicación estratégica de Atocha, cada pocos segundos transitaba un tren por sus vías, de modo que era imposible que nadie, en su sano juicio, evitara su muerte, que sería rápida, insípida e indolora.
Así pues, en un alarde de locura, bajó a las vías del tren y comenzó a caminar por ellas, alejándose paulatinamente de la ruidosa estación. Indiferente, nadie entre la masa pareció fijarse en el caballero de mediana edad, escrupulosamente vestido, ataviado con un extraño sombrero que se alejaba más allá de los andenes.
Caminó algo menos de media hora y miró su reloj que se acercaba a las 9 de la mañana. A lo lejos, pudo ver un tren, que en esa mañana de Marzo, se acercaba hacia donde él caminaba. El tren comenzó a pitar, en un intento de alertar al perdido viandante, de que abandonase las vías.
Para desesperación del conductor, el extraño hombre que miraba su reloj, se tumbó, tranquila y parsimoniosamente sobre las vías.
Rafael se limitó a esperar su propia muerte, sereno, recordando en su cabeza una de sus obras favoritas: Nessun Dorma. La había tocado una y otra vez, incansable, durante los últimos 25 años, desde que a los 12, su padre, el Ilustre Maestro, se la había enseñado. Esa sería la música que le acompañaría en su muerte.
Cuando las vías temblaban bajo su cuerpo, cuando la zozobra inundaba su organismo, cuando podía sentir el calor de las vías que antecede a la pasada del tren… cuando él mismo sentía que moría… en ese instante un inmenso ruido le sacó del trance en el que andaba sumido. Abrió los ojos, giró la cabeza y pudo ver, algo más delante de él fragmentos de cuerpo que saltaban por los aires, decenas de vidas sesgadas en un solo instante, humo que comenzaba a salir del tren.
El silencio se apoderó del lugar. Los oídos de Rafael comenzaron a sangrar a la vez que el tren, por inercia, se acercaba al lugar en el que este yacía tendido. Tan solo se detuvo a unos 3 metros, la distancia suficiente como para que pudiera observar la aterrorizada expresión de espanto del maquinista, lívido, desvaído.
Rafael se puso en pie, sangrando por los oídos, sordo de por vida, en mitad de un maremagnum de cadáveres, humo, llantos mudos, ojos vidriosos y miradas vacías.
Él que era desgraciado, que buscaba la muerte, había sobrevivido, y ellos, personas felices, atestadas de sueños, encontraron lo que hasta ese momento él había ansiado: la no existencia. Las plegarias de uno y de otros, una vez más, no habían sido atendidas.
Tres días tardó en detener su frenética actividad, tres días que le brindaron intensísimas y dramáticas vivencias que le hicieron, por vez primera, sentirse vivo, ansiar su propia existencia.
Había escuchado e interpretado tanta música a lo largo de su existencia, que nunca más necesitaría escucharla de nuevo, tenía almacenadas en su mente un sinfín de obras maravillosas que le acompañarían, incansables y armónicas, durante el resto de su nueva vida: la de un músico sordo, pero esa, mis escasos lectores, esa es otra historia.
Manu.

… en determinados momentos, ni tú, consigues entenderme.
De vez en cuando encuentro fotógrafos, casi siempre centrados en el cuerpo, obra maestra de la naturaleza, que consiguen transmitirme mil y unas sensaciones de las que os hablaré en alguna otra ocasión. ¿Qué tiene el cuerpo humano que tanto nos atrae?.
Os presento al fotógrafo que me tiene robada la razón, desde hace tiempo. Poco o nada se sobre él: Eugeni Mokhorev, ruso, que encuentra en San Petersburgo un sinfín de elementos de inspiración. Tiene, si no me equivoco, 40 años.
Desde la distancia, Mokhorev ha conseguido que San Petersburgo se abra ante mí como una ciudad idealizada, poblada de rostros, miradas, cuerpos, regios edificios y fatigados animales que se dejan fotografiar, para regocijo de los amantes de la fotografía.
Varias veces he intentado contactar con él, vía mail, en un intento desesperado de poder comprar una de sus fotografías, antes de que se haga famoso. Nunca he obtenido respuesta.
Desde que le conozco, ha pasado de ser semidesconocido y no existir apenas referencias de él en internet a exponer en galerías de Nueva York. Los americanos, con su dinero, ya lo habrán pervertido. Su obra debe rondar precios incalculables.
Ahora, tan solo ansío, que publiquen un buen libro sobre su obra.
Pasaros por su página, merece la pena: http://eugeni.photosight.ru/
Manu

Alejandro se despertó empapado en sudor. El más grande de los guerreros de la historia tenía miedo a la batalla.
Hefastión le abrazaba en las noches le asía por el costado, contra sí mismo, se aferraba a él, pegando su pecho a la espalda de Alejandro y frotando levemente su sexo contra su nalgas. En esos momentos se sentía el hombre más afortunado del mundo conocido, por ser el gran amor de Alejandro.