
Info sobre la Pic:
- Enmascarado: Manu.
- Bruja: Jorge alias "la pelus", el novio de Kike. Futuros londinenses. ----------------------------
Y en mitad de la más sórdida de las estancias, en lo más oscuro y tenebroso de las galeras, cuando el color parecía que invadiría todos y cada uno de los momentos de su vida…..solo entonces el depravado fue liberado de la mazmorra por la Bruja Puta.
Ocurrió hace ya tiempo, pero nadie olvidará la Noche de Difuntos del año 1992, noche en que a horas intempestivas el depravado volvió a la libertad gracias a un engendro, mitad mujer mitad hombre, que hacíase llamar Brujita y a la que posteriormente se recodaría como Bruja Puta.
Durante una noche, el depravado cometió todo tipo de barbaridades que yo, siempre bien informado de lo que se cuece en las cloacas de Madrid, brevemente les resumiré. Esta es la primera vez que se publica la verdad de lo acontecido aquella terrible noche de Halloween del año olímpico.
Una vez liberado, el depravado decidió recuperar su más preciada posesión, para lo cual se dirigió a su antigua casa del Rastro madrileño. Tras caminar semidesnudo por calles estrechas y frías, con olor a orín rancio, atestadas de vagabundos y gente disfrazada de Halloween, entre los que él parecía uno más, entró en la casa de su madre, ya difunta. Allí encontró su pequeño tesoro: un botín compuesto por 23 pistolas, 12 fusiles y 1 par de esposas. También encontró el cadáver de su madre, tal cual lo había dejado él mismo en la última visita a su hogar dulce hogar.
Cargado con semejante arsenal, tomó un taxi, y se plantó en el Psiquiátrico de Ciempozuelos. El taxista, ante la generosa propina, decidió no abrir la boca… al fin y al cabo, con ese dinero podía aparcar el taxi y beberse unas buenas copas en cualquier putiferio de la ciudad y no estaba dispuesto a pasarse la noche en la comisaría declarando que había visto a un tipo de esa guisa cargado de armas.
Aprovechando que el agente de seguridad, se había pasado un poco con los carajillos de después de la comida, y que andaba realmente borracho, el depravado se coló en el psiquiátrico, cargado con su valioso cargamento, compuesto por numerosas armas, la mayoría de ellas, todo sea dicho, mal calibradas y con más fallos que una escopeta de feria.
Una vez allí, el depravado fue abriendo las celdas de los locos, que indiferentes y somnolientos, se despertaban y prestaban atención a las indicaciones del depravado. Tan solo un loco no se sorprendería de ver a semejante individuo, ataviado de ese modo tan escandaloso, entregando armas a los pacientes del psiquiátrico.
El depravado, balbuceó a su auditorio, compuesto por unos 50 dementes, un pequeño sermón: en esta noche la ciudad había sido tomada por seres espantosos, con aspecto muy desmejorado, brujas, zombis, gente con el rostro blanco, demonios, etc… y ellos, los locos, eran los únicos que podían salvar a Madrid del caos absoluto. El mismísimo presidente Felipe González, un ídolo para muchos de esos locos, había enviado al depravado para encomendarles la misión de que disparasen a todo aquél que vistiera de modo sospechoso o tétrico. Para ello, el depravado entregó a cada uno de ellos un arma, con suficiente munición como para estar horas disparando. Si hacían bien el trabajo encargado, se les consideraría aptos para volver a la sociedad, y abandonar de una vez por todas el maldito sanatorio.
Los locos, vieron en esa heroica acción, la posibilidad de verse liberados de su encierro en el manicomio, de modo que se entregaron a tan noble fin con enardecidas energías. Limpiarían la ciudad de semejantes seres.
Las puertas del psiquiátrico se abrieron y tras ellas, unos 50 dementes, con 23 pistolas y 12 fusiles, sembraron el caos en la ciudad. Fueron decenas los jóvenes y no tan jóvenes que, disfrazados de Halloween, encontraron la muerte en las calles y bares de la ciudad.
La policía tardó demasiado tiempo en reaccionar, puesto que inicialmente las llamadas no fueron atendidas, pensando que se trataba de la típica broma de una noche tan señalada. A la vez, los transeúntes, pensaban que todo formaba parte del espectáculo, de alguna performance organizada por fanáticos de Halloween, de modo que al contemplar en directo el asesinato de alguien, ni se inmutaban, creyendo que era una actuación, sin darse cuenta de que ellos mismos serían los próximos en pasar al otro barrio.
Aquella noche se contabilizaron en Madrid, al menos, 87 fallecidos, varios cientos de heridos y una decena de desaparecidos de los que nunca más se supo. Una auténtica masacre.
Mientras todo esto sucedía, el depravado volvió a su mazmorra, fue de nuevo encerrado, encadenado y esposado, mientras escuchaba lejanos disparos que le hacían aullar de placer y de alegría…. Aún hoy sigue siendo un misterio el paradero del depravado, sin embargo nadie duda de que está esperando la llegada de una nueva noche de Halloween para ser liberado y actuar, como ha venido haciendo en los últimos 30 años.
Manu